La manipulación del merengue bajo el régimen de Trujillo

La manipulación del merengue bajo el régimen de Trujillo

A más de sesenta años de la caída de Rafael Leónidas Trujillo, su régimen continúa siendo objeto de análisis desde diversas perspectivas, como la represión política, el control económico y el culto a la personalidad. Sin embargo, un aspecto menos explorado pero igualmente crucial es el uso del arte y la música como herramientas de poder durante su mandato.

En “La crueldad alegre: la música y el poder, una historia sonora de la dictadura de Trujillo”, el investigador Darío Tejeda destaca cómo el régimen trujillista utilizó la música, las festividades y los espectáculos como parte de una sofisticada maquinaria de control emocional. Este análisis va más allá de canciones y músicos, revelando cómo el entretenimiento puede ser empleado para normalizar el miedo en una dictadura.

Los regímenes autoritarios no se sostienen únicamente mediante la violencia; también necesitan generar adhesión y crear rituales colectivos que hagan sentir a la población como parte de un proyecto común. Trujillo comprendió esto desde sus primeros días en el poder, adoptando una imagen pública festiva que ocultaba un rígido protocolo sonoro, donde la música acompañaba cada uno de sus movimientos como una extensión de su autoridad.

El uso estratégico del arte no fue exclusivo de República Dominicana; otros regímenes del siglo XX también lo emplearon para consolidar su poder. Trujillo, con un enfoque caribeño, incorporó el merengue y las festividades en una liturgia política donde la alegría servía para legitimar su mandato. Según Tejeda, el trujillato no solo adornó el poder con música, sino que la convirtió en parte integral de su régimen.

Durante la dictadura, el ámbito cultural fue sometido a un control riguroso mediante leyes y decretos que regulaban las actividades culturales. Estas manifestaciones no eran vistas como políticamente neutrales, ya que podían movilizar emociones colectivas, lo cual debía permanecer bajo vigilancia. La prohibición de rituales de vudú en 1930 es un ejemplo de cómo el régimen buscaba controlar las expresiones culturales y religiosas del pueblo dominicano.