Replanteando el Futuro Fiscal de la República Dominicana

Replanteando el Futuro Fiscal de la República Dominicana

Cada vez que se discute una reforma fiscal en la República Dominicana, surge el mismo argumento: la presión tributaria es de apenas el 14.3 % del PIB, una de las más bajas de América Latina. La conclusión parece simple: el Estado recauda poco porque cobra pocos impuestos, por lo que la solución sería recaudar más.

Sin embargo, este diagnóstico podría ser equivocado. No se trata solo de cuánto recauda el Estado sobre el PIB total, sino de cuánto recauda sobre la economía que realmente soporta la tributación. Al cambiar la pregunta, cambia también la respuesta.

El país recibe anualmente un flujo significativo de remesas, que en 2025 superaron los US$11,800 millones, cerca del 11 % del PIB. Estas remesas financian principalmente el consumo de los hogares, dinamizando el comercio y la producción local, pero no subsidian al Estado.

Este fenómeno genera una distorsión: el consumo financiado por remesas amplía la actividad económica sin aumentar proporcionalmente la base tributaria. Aunque hay crecimiento, no necesariamente se incrementa la capacidad de recaudación del Estado.

Además, existe una confusión entre informalidad laboral e informalidad productiva. La economía no observada representa entre el 35.5 % y el 38 % del PIB dominicano, lo que significa que la carga tributaria efectiva sobre la economía formal es comparable al promedio latinoamericano.

Por lo tanto, el verdadero problema podría ser una base tributaria demasiado estrecha. En lugar de enfocarnos únicamente en cómo recaudar más, deberíamos ampliar la base productiva, elevar la productividad y reducir la informalidad.

La relación con la diáspora también está cambiando. En el futuro, la inversión, el comercio y la transferencia de conocimiento deben convertirse en los nuevos pilares de esta relación, lo que requiere una transformación del Estado.

La República Dominicana cuenta con más de 780,000 servidores públicos, lo que plantea la necesidad de evaluar si su estructura responde a los desafíos del desarrollo futuro. El modelo de crecimiento de las últimas décadas debe adaptarse a los retos del siglo XXI, promoviendo un Estado más eficiente y capaz de ampliar la base de riqueza.

La próxima discusión fiscal debería centrarse en definir qué tipo de Estado necesita el país para competir en la economía global, en lugar de simplemente aumentar la carga sobre quienes ya producen.