Una Oportunidad para Transformar la República Dominicana

Una Oportunidad para Transformar la República Dominicana

Durante años, ningún gobierno ha tenido el coraje de enfrentar los desórdenes institucionales que se han normalizado en la vida de los dominicanos.

No solo se trata de problemas históricos, sino que constantemente surgen nuevos que también se aceptan como parte de la cotidianidad.

Hemos permitido que muchas distorsiones se conviertan en modos de vida y mecanismos de presión.

Cuando el problema se vuelve inmanejable, se recurre al argumento de dejar las cosas como están. Aquí algunos ejemplos.

El caos en el tránsito empeora diariamente debido a medidas temporales y la falta de aplicación estricta de la Ley 63-17. Lo mismo ocurre con la ocupación ilegal de espacios públicos.

Cualquiera puede apropiarse de una acera, instalarse en una vía pública, construir en la margen de un río o establecer una parada de vehículos sin consecuencias.

Incluso, aquellos con poder político o económico pueden adueñarse de partes de playas o ríos sin temor a repercusiones.

La lista de anormalidades que se han vuelto normales es extensa.

El problema radica en el costo político. Durante años, la clase política ha explotado el desorden, la pobreza y la presión de ciertos grupos.

Se ha aceptado que ciertas prácticas deben tolerarse porque quienes las realizan son padres de familia, como si su condición justificara su comportamiento.

En el caso del presidente Luis Abinader, se presenta una oportunidad para corregir algunas de estas distorsiones. Le quedan dos años de mandato y no buscará la reelección.

Este tiempo debería utilizarse para diseñar y ejecutar un plan de organización nacional. Lo que requiera nuevas leyes debe pasar por el Congreso; lo que pueda resolverse administrativamente debería comenzar de inmediato.

¿Por qué el presidente Abinader? Porque, en teoría, no estaría condicionado por cálculos electorales.