El Desafío de la Libertad de Expresión en la Era de los Algoritmos
Durante siglos, la figura del censor fue la principal amenaza para la libertad de expresión. Monarcas, gobiernos y partidos políticos representaban el poder capaz de silenciar ideas, lo que llevó a las democracias modernas a crear protecciones constitucionales contra la censura estatal.
Sin embargo, en el siglo XXI, nos enfrentamos a un nuevo desafío: los algoritmos. Aunque facilitan la comunicación, también determinan qué voces se escuchan y cuáles se pierden. Kyle Chayka, en su obra ‘Filterworld’, describe cómo los algoritmos han pasado de ser simples herramientas a arquitectos invisibles de nuestra experiencia.
En la República Dominicana, este fenómeno es relevante en el contexto del debate sobre la Ley Orgánica 74-25 y el nuevo Código Penal. El Colegio Dominicano de Periodistas y la Sociedad Dominicana de Diarios han expresado preocupaciones sobre posibles conflictos con el artículo 49 de la Constitución, que protege la libre expresión.
La discusión se centra en los límites del Estado, pero ignora el poder de los sistemas algorítmicos privados. Estos sistemas, que no están contemplados en el nuevo Código, deciden qué conversaciones llegan a la sociedad.
La libertad de expresión y el debido proceso son garantías complementarias en una democracia. Es crucial que las decisiones que afectan a las personas se tomen con transparencia y dentro de un marco legal conocido, no por algoritmos opacos.
Pensadores como Tocqueville, Arendt, Habermas y Sunstein han advertido sobre los peligros de la personalización algorítmica y la polarización. Shoshana Zuboff, en ‘La era del capitalismo de vigilancia’, señala que las plataformas digitales convierten la experiencia humana en datos para predecir y modificar comportamientos, ejerciendo un poder sin precedentes.
Lawrence Lessig propone que, al igual que las leyes, el código que regula los algoritmos debe someterse a principios de responsabilidad pública. La gobernanza democrática de los algoritmos es esencial para garantizar que el poder sobre la conversación pública sea transparente y responsable.
La República Dominicana debe considerar cómo proteger la libertad de expresión en un mundo donde las ideas circulan a través de plataformas digitales controladas por algoritmos. La libertad de expresión no solo se pierde por censura estatal, sino también puede diluirse entre algoritmos invisibles.
