El Arte: Un Puente para el Desarrollo Emocional Infantil

El Arte: Un Puente para el Desarrollo Emocional Infantil

A los cinco años, Micaela, un nombre ficticio para proteger su identidad, era una niña extremadamente tímida. Le resultaba difícil relacionarse incluso con su propia familia, prefiriendo mantenerse aislada.

Preocupada, su madre decidió buscar ayuda profesional para comprender qué le ocurría a su hija. Tras varias evaluaciones, la especialista sugirió que el aislamiento durante la pandemia de COVID-19 podría haber influido en su comportamiento.

Como parte del tratamiento, se recomendó incorporar una actividad artística en su rutina para fomentar la interacción y el desarrollo de nuevas habilidades. Así fue como Micaela descubrió el ballet.

Dos años después, el cambio es notable. Micaela es ahora más segura, sociable y capaz de interactuar con otras personas. Su historia es un ejemplo de cómo el arte puede ser un espacio donde los niños aprenden a conocerse, relacionarse y gestionar sus emociones.

Según Angélica Farías, directora de la academia Mundo Creativo, muchos niños llegan a clases de danza tímidos e inseguros, pero con el tiempo ganan confianza. La danza permite expresarse sin palabras, lo que ayuda a los niños a comunicar emociones que aún no saben verbalizar.

El proceso de aprendizaje en la danza enseña a los niños que equivocarse es parte del camino hacia el éxito. La repetición y el apoyo del maestro son fundamentales para que los niños reconozcan sus avances y fortalezcan su autoestima.

La psicóloga Yesmín Meyer explica que las expresiones artísticas son una vía para exteriorizar emociones difíciles de comunicar verbalmente. Durante la infancia, el arte ofrece formas de explorar y expresar sentimientos a través del movimiento, el sonido, el color y las historias.

El arte también ayuda a los niños a descubrir quiénes son, qué les gusta y cuáles son sus habilidades. Meyer advierte que la elección de una actividad artística debe basarse en los intereses del niño, no solo en las preferencias de los padres.

Dos años después de su primer contacto con la danza, Micaela no solo ha aprendido pasos de ballet. La niña que antes se aislaba ahora se muestra segura, interactúa con sus compañeros y encuentra en el movimiento una forma de expresión.